El Espíritu de la Ocarina

Por: Oscar Humberto Quemag Vallejo Pueblo Pastos

Por: Oscar Humberto Quemag Vallejo
Pueblo Pastos

Cuando hablamos de Paz, generalmente nos imaginamos un panorama hostil previo al cual pretendemos darle un buen final; esto por la zozobra en la cual hemos estado inmersos en nuestra tierra.

Estamos acostumbrados a ver una paloma blanca como símbolo de Paz; pero en la medida en que nos interiorizamos en su esencia, comprendemos que la Paz no es una paloma blanca, una flor y mucho menos un pañuelo. La Paz es algo más que eso: es armonía entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos.

La historia que les voy a narrar, nos lleva al conocimiento de una Paz interior tan hermosa que vivían nuestros abuelos, que añoramos hoy y con profunda tristeza que muchos no podamos gozar de ella.

Cuentan los abuelos, médicos tradicionales y consejeros espirituales de la comunidad, que hace mucho tiempo ellos se reunían para sus mingas de pensamiento y espiritualidad en sus casas del saber, ubicadas cerca a los lugares naturales sagrados, cascadas, lagos, cerros, etc. convocados por el abuelo más anciano y sabio del territorio, mediante el sonido de la Ocarina. Este instrumento tiene un sonido agradable y misterioso a la vez.

Las vibraciones de la Ocarina eran percibidas a la distancia y sobre obstáculos únicamente por personas que tenían ciertas características espirituales que les permitía asimilar dicho sonido. Para escucharlo se requería de una armonía plena que conectaba cuerpo y espíritu y solo quienes estaban en esas condiciones de Paz interna podían escucharlo.

Esa Paz de nuestros abuelos se traduce en el respeto por el hombre y la madre tierra y están reflejadas a través de sus enseñanzas, las cuales son impartidas por su testimonio y la tradición oral; y también ha sido plasmada en los petroglifos de nuestros lugares sagrados que sirven de inspiración en la manifestación de nuestra cultura y tradición.

La Paz de nuestro pueblo se refleja en la armonía con el territorio, el compartir acorde a nuestra idiosincrasia, cosmogonía y sobre todo con el trabajo y mantenimiento sostenible de nuestras chagras y fundos.

Anhelamos una Paz con justicia social para todos los pueblos, que nuestros hijos sean algún día los abuelos que contarán a las nuevas generaciones que un día nosotros fuimos protagonistas de Paz.

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